"Aduares"

La arquitectura tradicional puede apreciarse en los numerosos aduares que salpican el Parque. La utilización de materiales locales como piedra, adobe y madera, encalados y teñidos en verde y azul, va dejando paso a otros nuevos como el ladrillo y el hormigón armado. Sin embargo, gracias a las iniciativas para la adecuación de gîtes o casas rurales y rehabilitación del patrimonio arquitectónico, aún es posible alojarse en una casa tradicional con auténtico sabor jebli, algo que aporta un valor añadido a la visita.

La casa típica tradicional es pequeña y compacta, con pocas y diminutas aberturas, con un patio central. El tejado, a dos o varias aguas, se construye a base de una estructura de madera cubierta de paja de centeno, actualmente prohibido por riesgo de incedios y sustituido por las chapas galvanizadas que predominan en la mayoría de los hogares. Los muros portantes suelen ser de piedra y madera. Las fachadas más expuestas solían ser protegidas mediante ramajes entrelazados.
Las puertas y ventanas de madera adornadas con rejas muy elaboradas, así como las celosías son otros rasgos representativos de la arquitectura local.
El uso de plantas con diferentes aplicaciones está profundamente arraigado en la cultura local. La sabiduría popular supo aprovechar desde siempre las numerosas propiedades que ponía a su disposición este valioso recurso. Los usos son múltiples y variados: alimentación, especias, condimentos, colorante, medicinales, ungüentos, ritos religiosos, fabricación de utensilios, construcción, perfumería, artesanía...
Destaca el uso de la vegetación como fuente de energía. Así, la extracción de leñas del monte por parte de la población juega además un papel directo en la prevención contra los incendios forestales, retirando continuamente material vegetal combustible. En definitiva, la etnobotánica en Talassemtane refleja la estrecha relación entre el hombre y la naturaleza.
A veces, esta relación se establece sobrepasando el umbral de equilibrio y aparecen perturbaciones en la cubierta vegetal que conducen a un aumento de la erosión con la consiguiente pérdida de suelo fértil o a la sobreexplotación de ciertos recursos, tal y como ocurre con el palmito (Chamaerops humilis), por ejemplo.
El cultivo de kif juega un papel significativo en el entorno, hasta el punto de ser una de las principales amenazas para la conservación de la flora autóctona. Cada año pequeñas superficies arboladas son deforestadas para su plantación, frecuentemente en lugares con fuertes pendientes, incrementando el riesgo de erosión. Alrededor del kif, que en un principio se introdujo como cultivo adicional y para consumo interno, ha surgido una compleja economía clandestina cuyos mayores beneficios no reportan directamente en el agricultor, sino que quedan fundamentalmente en manos de intermediarios externos. El desarrollo ecoturístico de estas zonas deprimidas se perfila, de este modo, como una alternativa al cultivo de cannabis. Las crecientes iniciativas de negocios asociados a este sector incipiente, demuestran una percepción favorable en este sentido por parte de la población local, diversificando la estructura socioeconómica y abriendo nuevas perspectivas de futuro.
La artesanía local es original y variada, destacando los trabajos de herrería y forja, lana (mandiles, alfombras, mantas), alfarería, cestería, marroquinería, tapicería y carpintería, policromía en madera, cuero, textil y orfebrería. La maestría de los artesanos, su buen hacer, atrae por sí solo a numerosos turistas hasta sus talleres o a los zocos semanales.
En el caso particular del núcleo de Chefchaouen, una multitud de pequeños talleres de artesanía marcan el pulso de la ciudad, teniendo un gran peso específico en la vida cultural de la misma. Además, un rico patrimonio avalado por una dilatada tradición literaria, poética, musical y pictórica, completan la oferta cultural de la región.